Los niños en Barcelona pueden volver a jugar fútbol en la calle

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Los niños en Barcelona pueden volver a jugar fútbol en la calle

Foto: El Periódico/Archivo
22 de abril de 2019

Primero no, pero después sí. Creo que eso de echar «para atrás» leyes que afecten a los niños es bueno, la cosa es ¿por qué las pusiste si sabes que nanai?

Es normal que en las ciudades hayan niños y que puedan jugar lo que sea. Eso es parte de ser, en efecto, niños. Divertirse a sus anchas en un mundo cada vez más gris. Y más en una ciudad como Barcelona, en donde el fútbol forma parte esencial.

Lo que yo no sabía es que hasta febrero de 2019 había una regla para los más chiquitines. No podían jugar en las calles este deporte. ¿Maldad? Quién sabe. Lo cierto es que el Ayuntamiento de la ciudad aprobó una moción para que los chamos pudieran jugar de nuevo.

Pero que los animen a «jugar con respeto». ¿Cómo qué? ¿Que no corran? ¿O rompan ventanas?

Bueno, según Janet Sanz, teniente de alcalde de Urbanismo (entiendo que es como integrante de la comisión) la idea es «darle la vuelta» a cómo se planifica la ciudad, haciendo del espacio público algo más asequible.

Además explicó que el poder jugar en las calles debe ser compatible con el descanso de los vecinos y cumplir con las normas. Me imagino que será que si no grites, cuidado con los carros y la gente, y cosas así. Lo que uno hacía de pequeño en la calle.

Pero la teniente de alcalde de Derechos Sociales, Laia Ortiz, indicó que es un objetivo a largo plazo lo que se persigue, cuya meta es 2030. Lo que se quiere es garantizar el derecho a jugar de los niños.

¿Y eso no lo tienen desde que son chiquitos? ¿Por qué prohibirle jugar entonces?

De acuerdo a PlayGround, el plan contempla también medidas como trancar el tráfico de una calle principal de cada distrito cada domingo, organizar actividades públicas de ocio, acentuar el fomento de patios escolares, apoyar juego inclusivo de menores con discapacidades o prestar servicios de préstamo de raquetas, cubos o palas.

Una ciudad atestada también tiene sus problemas. Y se puede entender. Pero los niños tienen que jugar.

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