Motherless Brooklyn: el detective y su laberinto

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Motherless Brooklyn: el detective y su laberinto

A simple vista2 de diciembre de 2019

“Motherless Brooklyn toca temas completamente actuales —y universales— como la corrupción del estado, la ambición de poder, la discriminación, las enfermedades mentales, la lucha contra la injusticia, la redención y la búsqueda de un lugar en el mundo”.

Escrito por: Luis Bond // @luisbond009

De todos los géneros cinematográficos, el cine negro —o film noir— es una seductora rareza. A pesar de haber tenido su apogeo en la década de los 40 y 50, su influencia se mantiene hasta nuestros días enamorando al público. La fascinación que produce se debe a una serie de convenciones que lo hacen fácilmente identificable: una impronta visual envolvente, diálogos lapidarios, dilemas morales complejos y crímenes sin resolver ambientados en un lugar corrupto y violento. Los personajes que le dan vida también poseen características especiales y pareciera que solo pueden habitar en películas de este tipo; el protagonista suele ser un antihéroe con un pasado oscuro y paradójico —con una serie de fantasmas que lo acosan y le dan una profundidad psicológica que nos atrapa—, también conseguimos a una mujer hermosa en aprietos que, parafraseando a Roger Ebert, lo mismo podría amar que matar, no puede faltar una poderosa figura antagónica que domina a la ciudad desde las sombras y, por último, una galería de personajes que viven al margen de la ley y de los cuales jamás sabemos qué esperar. Estos elementos se mezclan en los bajos fondos encontrándose en bares de dudosa reputación entre callejones oscuros y sucios —repletos de humo y peligro—, ambientados con una dirección de fotografía cargada de sombras con toques de expresionismo alemán. El resultado estos ingredientes es siempre el mismo, un torbellino donde el deseo, la ambición, la impunidad y la justicia se confunden, regalándonos un final agridulce que nos acompaña al terminar la proyección, haciéndonos cuestionar el status quo de cualquier sociedad aparentemente “normal”, pero podrida en sus entrañas.

 

DesdeThe Maltese Falcon (1941) —considerada por muchos la primera película de cine noir—, pasando por clásicos como Double Indemnity, The Third Man o Touch of Evil, el cine negro ha sobrevivido hasta el presente. Su estética pasó de la novela de Raymond Chandler y Dashiell Hammet hasta llegar a territorios insospechados. En la actualidad podemos ver su influencia en el trabajo de novelistas gráficos como Alan Moore (V for Vendetta, Watchmen) o Frank Miller (Sin City), videojuegos como Max Payne o Sam & Max, series de televisión como True Detective o Twin Peaks y películas como La isla mínima, Seven, Brick, Blade Runner, Drive o The Girl with The Dragon Tattoo. Historias que nos recuerdan que no todos los héroes llevan capa, que la delgada línea entre el bien y el mal es difusa y que nada es lo que parece. Es en este último renglón donde incluimos Motherless Brooklyn (Huérfanos de Brooklyn) la nueva película dirigida, producida, escrita y protagonizada por Edward Norton, un hermoso homenaje al cine noir con todos los elementos de este género y un par de vueltas de tuerca que la dotan de un aire clásico y original.

 

Basada en la novela homónima de Jonathan Lethem y ambientada en la ciudad de New York de los años 50, Motherless Brooklyn nos narra la travesía de Lionel Essrog (Edward Norton) un joven que se embarcar en una investigación para encontrar al asesino de Frank Minna (Bruce Willis) —su jefe y única figura paterna. A pesar de ser uno de los miembros más talentosos de la agencia de detectives en la cual trabaja —gracias a su memoria fotográfica—, Lionel tiene las cosas cuesta arriba por sufrir del síndrome de Tourette (condición que lo llena de tics nerviosos y lo hace articular frases o palabras sin sentido), sumado a una suerte de trastorno obsesivo compulsivo que entorpece todo lo que hace. Deambulando solo por las calles de una ciudad hostil, sumida en la corrupción, el racismo y la impunidad, nuestro protagonista intentará armar un complejo rompecabezas donde la muerte de su mentor es solo la punta del iceberg, llevándolo a descubrir una conspiración enorme y enfrentándolo fuerzas más allá de la ley.

 

Motherless Brooklyn es una película noir de principio a fin. Más allá de cumplir con todas las convenciones del género en su narrativa y puesta en escena, está ambientada en la época donde se desarrolla el canon de este tipo de historias (de hecho, la novela en la que se inspira transcurre en 1999, pero Norton decidió adaptarla a los 50s para honrar la tradición en la que se enmarca). Lo primero que hace especial este largometraje es su protagonista, un pupilo de detective que es brillante pero con una condición que lo pone en desventaja frente a otros, un tipo empático y emocional que es movido por una fuerte sed de justicia, alejándose del típico investigador escéptico y estoico que suele abundar en estas películas. Norton se encarga de cautivarnos con su caracterización, logrando que desarrollemos un cariño especial por Lionel y su trabajo, colocándonos en sus zapatos, haciendo que lo respetemos y dejemos a un lado nuestros prejuicios frente a sus trastornos para enaltecerlo como el gran personaje que es. Mientras la trama se desarrolla, el protagonista se nos devela como alguien fascinante que utiliza su intuición y memoria pródiga como única arma, luchando contra una condición que sabotea cada paso que da y mostrándose como un tipo franco —pero no tonto— en un lugar hostil, ganándose a pulso nuestra admiración. Parte de este encanto se debe al excelente trabajo actoral de Norton, dándole vida a un personaje que está en el top de sus mejores papeles (lo que es decir bastante, tratándose de un interprete con una filmografía tan poderosa como American History X, Fight Club y Birdman).

 

Junto a Norton tenemos a un cast de lujo donde leyendas como Bruce Willis, Alec Baldwin y Willem Dafoe trabajaron de gratis para apoyar la realización de la película. El primero que vemos en pantalla es a Willis que, a pesar de su corta aparición, nos cautiva conectándonos directamente con las motivaciones del personaje de Norton para querer vengarlo. En la otra antípoda Baldwin encarna al antagonista perfecto: ególatra, poderoso, temerario y con una presencia avasallante que nos hace temblar. A su lado —y contrastando con él— tenemos a Dafoe que encarna a un hombre brillante, pero venido a menos que, por momentos, nos genera lastima y repulsión. A este dream team se suma la talentosa Gugu Mbatha-Raw, quien dista de ser la típica “mujer débil en apuros” o la femme fatale que vuelve loco al detective, interpretando a una mujer aguerrida que lucha contra un sistema fallido intentando proteger a los más necesitados. Todos dan vueltas alrededor de Norton, pero sin llegar a opacarse entre ellos y encajando con una precisión meticulosa.

 

Motherless Brooklyn es una proyecto ambicioso que le tomó a Norton más de una década en sacar adelante. Dejando a un lado las colaboraciones puntuales que tuvo en algunos guiones (en los que actuó), esta película es la primera que firma como escritor; además, es su segundo largometraje como director después de casi 20 años (su ópera prima, Keeping the Faith, fue un flop). La espera rindió frutos porque cada detalle del aspecto técnico y narrativo de Motherless Brooklyn es impecable, creando una historia sumamente personal, pero que se enmarca en una tradición que fue explorada por varios genios del séptimo arte. Norton demuestra su madurez detrás de cámara, creando planos hermosos, haciendo que la narración fluya como una novela de cuyas páginas no podemos despegarnos y sin volverse egocéntrico con su actuación (mal que suele aquejar a muchos directores-actores). De hecho, en cada momento se siente su fascinación por el cine noir y la reverencia que le hace, dejando entrelíneas que este proyecto es un gran homenaje a  Billy Wilder, John Huston, Howard Hawks, Fritz Lang, Orson Welles y Alfred Hitchcock, pero con un toque especial donde podemos entrever la impronta de su realizador.

 

El resto del apartado técnico logra engranarse a la visión del director, potenciándola y creando ese ambiente que suele envolvernos y fascinarnos en el cine noir. Comenzando por la dirección de fotografía de Dick Pope (Mr. Turner, Bernie, The Illusionist, Vera Drake, Dark City), que logra recrear la atmósfera de las noches de los 50s, con un juego de luces y sombras que emulan a los clásicos del género, y que también logra mantener su estilo en las escenas que ocurren a plena luz del día —labor bastante encomiable—, además se luce en varias secuencias oníricas donde alcanza un preciosismo que le suma muchísimos puntos a la historia. El diseño de producción de Beth Mickle (Drive, Only God Forgives, Arbitrage, Focus), quien ha trabajado en otras películas con elementos noir, se da a la tarea de darle vida a la época desde múltiples aristas (casas abandonadas, lugares suntuosos, despachos, bares de mala muerte, sitios emblemáticos de New York) y cuidando hasta el más mínimo detalle. La mezcla la acompasa el montaje de Joe Klotz (The Paperboy, Precious, Rabbit Hole, Choke) que emula el ritmo clásico del noir (manteniéndonos en tensión todo el tiempo, paseándose por el drama y el peligro con guantes de seda) y valiéndose de ciertos artificios (como la posibilidad de rebobinar escenas una y otra vez) que sirven para expresar de forma visual la condición de su protagonista. Sin lugar a dudas, la guinda de este cocktail es la música de Daniel Pemberton (Spider-Man: Into the Spider-Verse , King Arthur: Legend of the Sword, The Man from U.N.C.L.E., Steve Jobs y The Counsellor) una deliciosa mezcla entre jazz y blues que nos envuelve desde el primer minuto del largometraje, dándole a la narración una aire melancólico que nos seduce y con su ritmo.

 

Motherless Brooklyn es un hermoso homenaje al cine noir. La dirección de Norton hace un excelente trabajo en respetar las convenciones de la tradición a la que honra y, al mismo tiempo, introduce elementos especiales que le dan a su relato un toque único. Su interpretación es una de las mejores de su filmografía y los otros actores legendarios que lo acompañan también se la rifan. La música, la dirección de fotografía y el montaje nos envuelven y hacen que nos sumerjamos en un mundo hostil, pero estilizado que nos fascina. Lejos de ser diacrónica, Motherless Brooklyn toca temas completamente actuales —y universales— como la corrupción del estado, la ambición de poder, la discriminación, las enfermedades mentales, la lucha contra la injusticia, la redención y la búsqueda de un lugar en el mundo, demostrando que el noir es un género al que todavía le quedan muchas noches por delante.

 

Lo mejor: la interpretación de Edward Norton, Alec Baldwin y Willem Defoe. El

ambiente creado por la dirección, la fotografía y diseño de producción. La música envolvente. Las referencias al género, pasando por Raymond Chandler, Dashiell Hammet hasta Chinatown.

 

Lo malo: por tener el ritmo clásico y todas las convenciones del noir, muchos la pueden percibir como lenta y con diálogos enrevesados. Si el espectador desconoce el contexto histórico donde se desarrolla, puede perderse muchas referencias que potencian su discurso.

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