Little Women: el poder transformador del arte y lo femenino

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Little Women: el poder transformador del arte y lo femenino

A simple vista6 de febrero de 2020

«Sin lugar a dudas, esta versión de Little Women es la mejor adaptación que se ha hecho hasta la fecha del clásico de Louisa May Alcott».

Crítica por: Luis Bond // @luisbond009

¿Qué es lo que hace que una historia sea considerada un “clásico”?, ¿qué características debe poseer un argumento para que después de más de 150 años siga resonándonos?, ¿hasta que punto una mirada moderna puede revitalizar un relato harto conocido sin cambiar su fondo? Estas y muchas otras preguntas son las que nos hacemos cuando vemos adaptaciones a la gran pantalla de obras de William Shakespeare (Macbeth), Charles Dickens (Cuento de Navidad), Robert Louis Stevenson (El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde), Arthur Conan Doyle (con cualquier cuento o novela de Sherlock Holmes), Jane Austen (Orgullo y prejuicio) y Agatha Christie (una de las autoras más adaptadas de la historia). Por supuesto, en esta extensa lista se encuentra Louisa May Alcott con Mujercitas, una novela que transformó la literatura gracias a sus personajes femeninos, enfrentándose al establishment para exponer una visión completamente atípica y moderna sobre el rol de la mujer en la sociedad. No es casual que, luego de 9 versiones entre cine y televisión, una realizadora como Greta Gerwig haya decidido traer a este clásico a la palestra, regalándonos la mejor adaptación que ha tenido hasta la fecha. De la mano de un cast de primera, una estética hermosa y una narración diacrónica, Little Women (Mujercitas) nos seduce para hablarnos con sutileza del presente desde un pasado que parece más cercano de lo que creemos.

 

Inspirada en la novela homónima de Louisa May Alcott y ambientada en plena Guerra Civil de Estados Unidos, Little Women cuenta la historia de Jo March (Saoirse Ronan), una joven escritora —mal remunerada— que lucha por mantener su independencia y ayudar a su familia vendiendo sus relatos. En paralelo, vamos conociendo a sus hermanas: Meg March (Emma Watson) con un par de hijos y casada con un profesor en una situación económica paupérrima, Amy March (Florence Pugh) quien está en Francia pintando y buscando comprometerse con un hombre acaudalado que le resuelva la vida y Beth March (Eliza Scanlen), la más pequeña, cuya salud pende de un hilo y que es cuidada por Marmee March (Laura Dern), la madre de todas y que, a pesar de sus limitaciones financieras, actúa como una buena samaritana ayudando a los más necesitados. La trama comienza a desarrollarse cuando Jo decide regresar a su pueblo natal, lo que desencadena una serie de recuerdos que nos presentan la adolescencia de las hermanas March, sus complejas relaciones interpersonales y las decisiones que las llevaron a la situación en la que se encuentran en el presente.

 

Little Women dista mucho de ser otra adaptación de este clásico de la literatura, su guionista y directora Greta Herwig (Nights and Weekends, Lady Bird) creó un mosaico narrativo a dos tiempos que le imprime una personalidad especial a esta versión. De esta forma, el argumento gana dinamismo al conectar presente y pasado yuxtaponiendo opuestos (como la madurez y la inocencia, el pesimismo y la fantasía, el desamor y la ilusión, la modernidad y lo arcaico, feminismo y machismo, la muerte y la vida, fortaleza y vulnerabilidad, entre muchos otros) lo que le da más peso a la evolución de sus personajes y resalta el impacto dramático de varios momentos de la historia. La guinda que envuelve este artificio es el prólogo y epílogo que resignifican todo el relato, transformándolo en un ejercicio de metaficción que sirve de excusa para exponer de forma sutil temas que aquejan a las mujeres en la actualidad: las escasas oportunidades que tienen para desarrollar su trabajo creativo en algunas industrias, la poca remuneración económica que obtienen de sus obras, el peso del establishment que busca homogeneizar su narrativa y segregarla, los clichés impuestos por una sociedad retrógrada que frenan el surgimiento de nuevas visiones del mundo, la lucha solitaria a la que se enfrenta una artista para tener el control de su creación y la importancia de tener confianza en sí misma. Este cocktail da como resultado una película muy humana y actual con la que cualquier autor —sobre todo las mujeres— se va a sentir identificado.

El trabajo de Gerwig en la dirección marca un pico en su carrera, articulando una película muchísimo más compleja y ambiciosa que sus obras anteriores, sin perder su impronta (como el humor agudo, la espontaneidad, el trabajo con lo femenino, el observar a los personajes cuando están solos para que revelen su mundo interior con detalles sutiles y el tener en cuadro múltiples acciones y diálogos que suceden en paralelo dándole dinamismo y soltura a muchas escenas), adaptando su trademark a una época más protocolar para humanizarla y modernizarla. Esto hace que Little Women tenga un halo de sinceridad e inocencia que arropa a su narrativa y sus personajes, dándoles un encanto irresistible que se gana nuestro corazón. Como siempre, el fuerte de Gerwig sigue siendo el trabajo actoral —oficio que también ejerce y en el que se mueve a sus anchas— y su capacidad de hacer que las interpretaciones sean transparentes para el público: durante todo el metraje no estás pensando —a diferencia de muchas películas— “wow qué gran actuación”, al contrario, eres seducido por lo orgánico que se siente todo lo que sucede en la historia, sumergiéndote en ella como si fueses un personaje más —cuya única función es acompañar al resto del elenco y sucumbir a su carisma.

 

Por supuesto, la elección del Dream Team que compone el reparto es otra de las fortalezas que posee esta versión. Los que roban el show son Saoirse Ronan —doppelganger y musa de Gerwig— y Timothée Chalamet, quienes dan vida a una de las parejas más hermosas del cine y que nos enamoran con el vaivén de su encanto juvenil, lo mismo que nos rompen el corazón con su transformación y paso a la madurez (convirtiendo a Jo en una mujer madura e independiente y a Laurie en un Casanova irresponsable). Orbitando alrededor de ellos van dibujándose Emma Watson —como una joven inocente y torpe—, Florence Pugh —como la niña malcriada y envidiosa—, Meryl Streep —como la tía solterona y sarcástica que nos cautiva por su estoicismo— y Laura Dern —que encarna la imagen de la madre cariñosa y de ensueño—, arrobándonos con sus apariciones e interpretaciones. Lastimosamente, Eliza Scanlen, la pequeña Beth, es la pata floja de este equipo, no por su caracterización —que es completamente funcional— sino por el poco nivel de exploración que posee su personaje en pantalla (que, técnicamente, funciona como un catalizador dentro de la historia, a pesar de tener un potencial para desarrollarla tanto como a sus hermanas). El otro que también pasa sin pena ni gloria es Bob Odenkirk, que más allá de ser una figura paterna ausente durante gran parte del relato, su intervención en el largometraje es casi nula (a diferencia de otros personajes que, en pocos segundos, se nos quedan grabados en la memoria como Mr. Dashwood).

 

Además de sus excelente actuaciones, la dirección fresca de Gerwig y su guión dinámico, el otro atractivo de Little Women está en el cuidado y valor estético que posee cada plano. La dirección de fotografía de Yorick Le Saux (Arbitrage, Clouds of Sils Maria, Personal Shopper), más allá de regalarnos cuadros espectaculares con colores vibrantes y composiciones hermosas, es la responsable de poder ubicarnos entre los saltos de tiempo. Utilizando una temperatura fría y de baja saturación para las escenas del presente y una cálida y con colores vibrantes para la del pasado, Yorick logra transmitir un estado del alma, lo que potencia el aire melancólico de una época en contraposición al “paraíso perdido” de la otra. Artificio que se apoya en el impecable diseño de producción de Jess Gonchor (The Devil Wears Prada, Capote, The Ballad of Buster Scruggs, True Grit, Hail, Caesar!) que se encarga de crear espacios hermosos que rebosan personalidad —alejándose de cualquier decorado de época genérico— y darle una paleta de colores a cada una de las hermanas y momentos de la historia, haciendo de cada escena una golosina visual que parece sacada de un cuadro impresionista.

 

Posiblemente, uno de los puntos discutibles de Little Women sea el montaje de Nick Houy (Mid90s, Lady Bird). Aunque funciona y le lleva el ritmo a Gerwig en la dirección, hay momentos donde las elipsis que unen las líneas de tiempo no funcionan del todo, haciendo que los saltos entre pasado y futuro choquen al espectador. Además, hay escenas donde algunos personajes realizan varias acciones en paralelo, hablando sin cesar, y que son cortadas yendo de uno a otro —evadiendo la puesta en escena teatral, pero en detrimento del tempo interno de cada cuadro— dando como resultado que la espontaneidad y belleza de lo que sucede se diluya, lo mismo que evitando algunas “pausas” orgánicas que pudiesen servir para poder disfrutar de algunas partes de la historia. Esto no es mal de morir porque gracias al montaje rítmico de Houy el relato fluye bastante bien (y la historia pasa volando), pero se pierde la intensidad de algunas escenas. Por otro lado, Alexandre Desplat (dos veces ganador del Oscar, por componer la banda sonora de The Grand Budapest Hotel y The Shape of Water, con decenas de nominaciones por películas como Argo, The Imitation Game, Isle of Dogs, The Danish Girl, Fantastic Mr. Fox y The Curious Case of Benjamin Button) crea un ambiente musical perenne que, aunque nos cautiva con sus melodías y da vida a momentos mágicos, a veces cae en el exceso, restándole poder a la fuerza de los silencios que son necesarios en varias escenas para asimilar hechos importantes.

 

Sin lugar a dudas, esta versión de Little Women es la mejor adaptación que se ha hecho hasta la fecha del clásico de Louisa May Alcott. La propuesta de narrativa de Gerwig es moderna y dinámica y le da un suelo fértil para reflexionar sobre del acto creativo y la feminidad con una sutileza que potencia muchísimo su discurso. El cast es excepcional en todo sentido: actrices y actores de lujo que derrochan carisma dándole vida a personajes que nos enamoran desde el primer segundo en pantalla. La dirección de Gerwig se aleja del estilo clásico o pomposo que poseen algunas historias de época, mezclando una puesta en escena donde siempre están sucediendo cosas a nivel actoral con juegos de planos que se centran en capturar la espontaneidad de las situaciones sin renunciar al preciosismo estético (pues este surge de manera natural en todo momento). El diseño de producción y la dirección de fotografía hacen de cada plano una belleza que nos cautiva creando un telón de fondo hermoso para que la historia y las actuaciones fluyan libremente. Más allá de sus personajes entrañables, argumento poderoso y estética envolvente, Little Women nos plantea situaciones universales con las que todos podemos identificarnos (como el primer amor, la envidia, la perdida de la inocencia, la muerte, la complejidad de las dinámicas familiares y la lucha por nuestros sueños) y, al mismo tiempo, expone de forma indirecta —e inteligente— los flagelos que sufren las mujeres y los artistas en la actualidad. Lejos de victimizar a su protagonista o hacer del relato un panfleto, Gerwig proyecta en ella su obra y parte de su vida personal demostrándonos cómo hacer catarsis, enfrentarnos al sistema y apostar por nuestro talento para vivir de él. Lecciones que harán que todos los artistas salgan de la sala de cine inspirados y motivados a contarle su historia al mundo sin importar lo que piense la gente.

 

Lo bueno: el cast de lujo que reúne, sus actuaciones y engranaje. La propuesta de narración diacrónica de Gerwig en el guión y el discurso de fondo sobre el rol de la mujer frente a su obra. La dirección de fotografía y el diseño de producción hacen de cada cuadro una delicia.

 

Lo malo: a pesar del excelente trabajo de Alexandre Desplat en la banda sonora, la película sufre de un exceso de musicalización durante todo su metraje. El personaje de Beth queda completamente opacado al lado de sus hermanas, lo mismo que Bob Odenkirk.

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