Guacamayas que influencian personas: ¿quién tiene la razón?

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Guacamayas que influencian personas: ¿quién tiene la razón?

Foto: Cortesía @richardlinares
19 de febrero de 2020

Las razones y pasiones que se desataron en torno al caso de Richard Linares parten todas de un mismo punto: el amor a los animales… bien o mal entendido.

Esta semana la opinión pública ha estado movida por el caso de las guacamayas de Richard Linares, abriendo un doble debate sobre la protección de la fauna silvestre y sobre el peligro que conlleva cualquier ligereza por parte de un «influencer».

Linares, haciendo uso de su gran cantidad de seguidores, los invitó a dejar comentarios en la cuenta de la bióloga Diana Liz Duque, quien se había atrevido a cuestionar su conducta respectos a varias guacamayas que mantiene en condición de mascotas.

 

Rápidamente los insultos colmaron las cuentas de redes sociales de la bióloga. Sin venir a cuento, en nombre de la defensa de las guacamayas, los acosadores se explayaron en «consideraciones» sobre la situación sentimental y sexual de la bióloga, sobre sus ocupaciones diarias  y hasta sobre su señora madre. Como resultado de todo ello,  Instagram cerró la cuenta de la bióloga.

Diana Liz, indicó que es bióloga y  trabaja en un proyecto de Reserva Forestal en Caparo, Barinas, en donde se trabaja para conservar 7000 hectáreas de bosque, su biodiversidad y especies en peligro de extinción. Por esta razón pide a Linares que deje de publicar a sus guacamayas y no siga tratándolas como mascota, ya que envía un mensaje errado a sus  dos millones de seguidores que, obviamente, le prestan mucha atención.

Por su parte Linares expresa estar en contra del tráfico de aves e indica que estas guacamayas les fueron entregadas porque estaban en peligro de muerte. “Yo no las pedí ni las robé”, dijo. Según información extraída de Prodavinci, en su artículo “Caracas, isla de guacamayas”: “Cuando alguien extrae un animal, planta, hongo o insecto, de su hábitat natural y lo traslada a otro ecosistema, incluso del mismo país pero en un área distinta, pone en riesgo a miles de organismos locales. Si esta especie es liberada o se escapa, puede reproducirse descontroladamente, cazar especies nativas, desplazarlas de sus espacios, competir por alimentos o traer enfermedades. Las especies invasoras producen cambios importantes en la composición, los procesos y la estructura del ecosistema”.

De este modo tenemos que, aunque Linares tiene la mejor intención de darles hogar y cuidado a sus aves, hay otros factores a tomar en cuenta. Por su parte, las guacamayas de Linares pertenecen a la familia Ara Macao, que es originaria de los Llanos. Se conoce que es imposible que este tipo de aves emigre, ya que viajan solo alrededor de 30 kilómetros. Estudios han revelado que la mayoría de las especies que vemos en la capital llegaron aquí producto de tráfico ilegal de especies. Las únicas excepciones son  los criaderos certificados, pero esas aves tienen anillos en las patas que las identifican.

Otro tema importante es que, si bien las aves son un animal exótico que se ha tomado como mascota desde 400 años antes de Cristo, no quiere decir que esta práctica sea correcta. Hay animales que no pueden o no deben ser domesticados. Las guacamayas, por ejemplo, ameritan un sistema alimenticio específico que se basa en plantas, semillas y frutas. Cuando los humanos intervenimos en su alimentación añadiendo harinas, grasas o azúcares a su dieta las engordamos, sin saber exactamente qué efecto se produce en su cuerpo, del mismo modo las hacemos sedentarias ya que no les toca volar largas distancias para conseguir comidas.

Los humanos también tienen  impacto en la reproducción o extinción de estas aves, incluso en su sistema de comunicación. Se conoce que las guacamayas de Caracas no se comunican de la misma forma que las que están en su lugar de origen. Esto se debe en primer lugar al ruido de la ciudad que las obliga a modificar su sistema de comunicación, y en segundo lugar, como es una especie adaptativa y social, buscará imitar el lenguaje de los humanos. Por lo que se infiere que si llevamos una guacamaya de Caracas a Amazonas probablemente esta no logre comunicarse y se ponga en riesgo, lo mismo sucede si tenemos una en casa, estará acostumbrada al lenguaje humano y si escapa podría morir por la misma razón.

En cuanto a la reproducción, tener dos guacamayas e intentar aparearlas a la fuerza normalmente no funciona, en ese sentido las guacamayas son menos influenciables que incluso los humanos. Ellas deben estar en grupos y ahí se escogen, no hay forma de intervenir humanamente en su reproducción, por lo que mientras más aves “domesticadas”, más peligro de extinción.

La familia de las guacamayas de Linares, es la menos frecuente actualmente en Caracas. Las guacamayas azules y amarillas son más agresivas que las dos especies rojas, por lo que han desplazado a las de este color en la guerra por espacios y comidas.

En conclusión hay muchas cosas que hacemos desde el amor, pensando que solo eso basta.  Las aves en general se siguen estudiando día a día. En Caracas ya hay apareamiento entre guacamayas de diversas especies, de donde se han originado las especies blancas. Actualmente no se conoce el impacto de esta reproducción, ni siquiera hay estudios certeros que indiquen si la ciudad es un lugar adecuado para este tipo de aves que no son originarias de esta zona, por lo que por ahora, no se puede determinar si es positivo o negativo tenerlas en casa, así no estén en cautiverio.

Con información de Prodavinci/ National Geographic

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