Texas y el enemigo interno

editorial

Texas y el enemigo interno

4 de agosto de 2019

Estados Unidos es un gran fabricante de pesadillas, en el cine y en la realidad

Hace 45 años se estrenó la película The Texas Chain Saw Massacre, aquí llamada La Matanza de Texas. Costó 140 mil dólares y solo en Estados Unidos recaudó más de 30 millones. Para el ojo inadvertido parecía una más de tantas películas taquilleras, basadas en el derroche de sangre, destinadas al olvido. No fue así: se convirtió en obra de culto para muchísimos aficionados al cine de terror, y para otros que vieron en la cinta una metáfora poderosa de los demonios ocultos en la “América profunda”. En ella se nos aparece un asesino anónimo, oculto tras una máscara de cuero, y un clan familiar con gustos caníbales.

Inevitable recordar esta cinta al ver las noticias de la nueva masacre de Texas, esta vez real, con balas en lugar de motosierras cortando cabezas. Inevitable sobre todo al conocerse que, una vez más, el psicópata de turno no corresponde a ninguno de los estereotipos que los gobiernos republicanos y muy especialmente el actual han querido reforzar en el imaginario de los enemigos de ese país.

La responsabilidad recae sobre un ciudadano blanco, al parecer contagiado del clima xenófobo que se extiende por Norteamérica. Un ejemplo más, al parecer, de una sociedad que se devora a sí misma, una sociedad caníbal como los inquietantes personajes de la película, y no víctima de extranjeros que llegan para infectar el saludable cuerpo del país.

La tesis del “enemigo externo” ha sido y es uno de los más socorridos recursos de quienes necesitan aglutinar voluntades y, al mismo tiempo, distraer la atención de sus propias miserias. Si lo sabremos en Venezuela…

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