¿Por qué subió el dólar?

editorial

¿Por qué subió el dólar?

Foto: REUTERS/Sertac Kayar
20 de julio de 2019

Para los venezolanos el dólar se ha convertido en un fenómeno meteorológico. Sube, baja o “se aguanta” como la temperatura ambiental, por un conjunto de factores que la mayoría no alcanza a comprender. En el fondo, la cosa no es tan compleja

En países menos anormales, así como hay democracia política también hay democracia económica. Es decir: el poder y la capacidad de influir en el curso de los acontecimientos está repartido entre múltiples actores y sectores sociales. Aquí no: aquí todo pasa por el dueño de la principalísima fuente de recursos, ese que abre o cierra el grifo de divisas y, de paso, prende o apaga la maquinita “Mattel” que fabrica billetes de Monopolio.

Tanto la inflación como el precio de la divisa tienen una relación directa con el volumen de bolívares que están en circulación. Lo dicen prácticamente todos los libros y todos los economistas serios del mundo, con excepción de algunos como los afiliados al gobierno de Maduro -Pascualina Curcio a la cabeza- que hacen malabarismos dialécticos para tratar de sustentar eso que llaman “la inflación inducida”. Para ellos, la inflación no depende de qué tantos bolívares circulen, sino de otra macabra operación de la CIA.

Pero ni el gobierno mismo se cree esas cosas, y la prueba es lo que ha hecho desde hace unos tres meses, al aplicarnos una especie de gigantesca liposucción por la vía del fulano “encaje legal”. O sea, extirpan la grasa (los bolívares) y ya no hay con qué seguir comprando dólares. Así, por la vieja ley de oferta y demanda, el precio del dólar pierde fuelle.

El gobierno creyó dar con la fórmula mágica, pues efectivamente le dio un importante palo al crecimiento de la inflación, echando por tierra temporalmente los peores pronósticos. El problema es que la liposucción resultó más bien un bypass gástrico, de esos que te dejan esmirriado y con aspecto de estar al borde de la muerte.

El asunto, y es algo que no se plantearon, es que pasado cierto límite un mayor o menor crecimiento de la inflación deja de tener esa extraordinaria importancia que normalmente le dábamos. ¿Qué te importa si un producto cuesta 100, 1.000 o 10.000 si tú solo tienes 20 bolívares? Es, pues, esa marcada caída del consumo que se ha adueñado de nuestra economía.

El remedio venía con una larga lista de efectos secundarios. Las arcas oficiales se llenan de bolívares que no van a un incinerador. Tarde o temprano, se ven obligados a devolverlos. Se dan cuenta de que el enfermo no aguanta más y tienen que darle un respiro. De esa forma, por ejemplo, cada vez que el gobierno afloja el puño y paga una buena cantidad de deudas internas, el chorro de bolívares vuelve a empujar hacia arriba el precio del dólar. Eso parece ser lo que ocurrió en esta última semana.

¿Seguirá subiendo? Es muy probable, en la medida en que esa “fórmula mágica” del encaje legal se vaya haciendo más y más insostenible. Y, sobre todo, considerando que lo ocurrido en este primer semestre tiene al bolívar, por decirlo así, endeudado con el dólar. Dicho de otro modo, y aunque a muchos les cueste creerlo, el dólar está muy barato. Si le hubiese seguido el paso a la inflación, podríamos estar pagando entre 20 y 30 mil bolívares por dólar. Hacia allá podemos dirigirnos.

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