Marco Polo, Diosdado y la economía

editorial

Marco Polo, Diosdado y la economía

29 de agosto de 2019

Dicen, exagerando, que los chinos son los inventores de prácticamente todo. Con decirles que hace más de mil años inventaron el papel moneda y, no contentos con ello, inventaron también la inflación. En efecto, los emperadores de entonces fueron los primeros en caer en la tentación de imprimir billetes a diestra y siniestra, provocando con ello el crecimiento desmesurado de los precios. Unos añitos más tarde, en 2015, nuestro emperador criollo, Nicolas I, mandó a imprimir 10 mil millones de billetes (¡Se imprimen menos dólares y euros en todo un año!), comprando así todos los numeritos en la lotería de la hiperinflación.

Marco Polo, en su escapadita a China, fue el primer occidental en conocer los billetes. A pesar de ser comerciante, la cabeza no le dio para entenderlo del todo. Llegó a creer que se trataba de magia o alquimia, pues veía cómo alguien entraba por una puerta con solo unos papelitos y salía por la otra con oro, plata o piedras preciosas. No lo juzguemos con dureza, pues la economía no es fácil de entender. Para muestra Diosdado Cabello, con su mazo de Trucutú tan coherente con su mentalidad, quien en estos días se ha mostrado particularmente confundido y desinformado en la materia. El pobre ha llegado a una insólita conclusión: el problema es el dinero y hay que eliminarlo. Consecuentemente, abogó por el trueque como forma ideal de comercio. ¿Qué tal?

No se ha enterado Diosdado de que la tarea está hecha: el gobierno hace rato que eliminó el dinero –al menos los bolívares- y en no pocos casos, no por ganas sino por necesidad, el pueblo sufriente tiene que apelar a diversas formas de trueque.

Diosdado, a quien Dios no le ha dado precisamente grandes dotes de economista, en realidad repite una vieja conseja ya enunciada antes por Chávez y por muchos otros militantes de un pensamiento que mezcla, cual batido de Toddy con cambur, una suerte de indigenismo prehispánico, cristianismo primitivo y marxismo indigesto.

Las cosas que hay que escuchar…

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