Adiós, Mikel

editorial

Adiós, Mikel

Agustín García5 de agosto de 2022

El sociólogo y sacerdote jesuita falleció a los 69 años en Bilbao, sin haber regresado a la ciudad y a la universidad que dejó llenas de afectos y recuerdos.

Aunque nació en la caraqueña parroquia de Santa Rosalía, la sangre vasca puso en la lengua de Mikel de Viana una implacable y ruda franqueza.  No para decir tonterías, sino para soltar sin miramientos cada una de las perlas de su extraordinaria inteligencia y sentido del humor. Ese rasgo –imperdonable en tiempos autoritarios- le costó el exilio y también, según atestiguan los allegados, su muerte más de tristeza que de enfermedad.

Veamos, por dar solo un ejemplo, lo que dijo sobre el rol del educador en entrevista publicada por El Ucabista:

“Ser cristiano y educador significa que como profesor no utilizaría la cátedra ni los conocimientos que tengo para distinguirme de los alumnos, al contrario, mi trabajo es llevar a la Cátedra la calle, hacer de la vida real el objeto de estudio, y no elaborar una secta elitesca de pensadores sofisticados. Por eso me sorprende cuando me dicen que ese estilo es excepcional, cuando esa debería ser la regla. Pero es que en esta universidad hay una sifrinería tan chimba que no me extrañaría que se sorprenda precisamente por lo que no debe sorprenderse”.

No son palabras huecas. Es prácticamente imposible que alguien haya pasado por la cátedra de Mikel de Viana en la Universidad Católica Andrés Bello sin conservar un recuerdo intenso de su profundidad, histrionismo, agudeza y sobre todo de su capacidad para hacer que el alumno se cuestionase todo lo que hasta el momento había dado por incuestionable.

Sí, este jesuita sociólogo fue primordialmente un educador, pero también fue teólogo, escritor y en algún punto actor, representando nada menos que al Tartufo de Moliere, es decir el símbolo de la impostura e hipocresía religiosa. ¿Sorprendente? Para él, según declaró en el momento, debería ser más sorprendente ver a un cura como capellán militar que como actor de teatro.

De Viana partió temprano, a los 69 años, y hoy le recuerdan con emoción los muchos que se sintieron tocados por su desenfadada manera de andar por el mundo instigando a la creatividad y la inteligencia.

 

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