Problemas de la educación en Venezuela se multiplicaron con la cuarentena

el país

Problemas de la educación en Venezuela se multiplicaron con la cuarentena

24 de octubre de 2020

. El sistema ya venía enfermo: los problemas de la educación inicial en Venezuela eran alarmantes, y el virus vino a profundizar la crisis. En pandemia, se agrandó la diferencia de oportunidades entre los más pobres y los pocos que tienen alimentación, servicios y tecnología.

. Las brechas digitales hacen cuesta arriba el aprendizaje en confinamiento. El no tener acceso a internet o a dispositivos, junto a la crisis general de los servicios públicos, es un condicionante clave para la calidad de la educación.

. Hay gran  preocupación por el aumento del rezago escolar y las desigualdades en el acceso a la educación,  y los expertos reclaman urgentes cambios en el sistema educativo venezolano.

Por Carmen Victoria Inojosa

Mathías está convencido de que ir a la escuela es más fácil, porque ahora en casa tiene que hacer entre cinco a diez tareas diarias. Lo primero que recuerda cuando le preguntan sobre la cuarentena es que un día lloró: “Me dolía la mano. Le decía a mi mamá: ya no quiero hacer más tareas”.

Se le acumulaban las divisiones, las copias, los dictados. No porque le doliera la mano, sino porque no tenía cómo investigar. “Se iba el internet y el celular no sirve, la pila se acaba rápido. La casa no es tan divertida”, cuenta.

Mathías tiene 8 años de edad y fue promovido a cuarto grado. Estudia en una escuela pública en la parroquia Caricuao, al oeste de Caracas. Afronta ahora el nuevo calendario escolar sin mayores cambios, con los rigores de la distancia, pero con el apoyo de su mamá, Vanessa Escalona.

A Mathías no le agrada mucho la idea: “me hace sentir de lo peor”. Está cansado de la modalidad implantada desde el 16 de marzo, tras el decreto de cuarentena, cuando suspendieron las actividades presenciales. Ese día marcó el inicio de una nueva etapa para todos los niños que sufren los profundos problemas de la educación inicial en Venezuela.

Por no tener acceso a internet o a dispositivos, la educación inicial en Venezuela se ve gravemente afectada

En casa la dinámica de las clases comienza con la descarga de las tareas por WhatsApp o correo electrónico. Luego toca investigar, escribir y enviar el material de vuelta. Esto puede tomar varios días para una misma tarea. En las primeras semanas del confinamiento, Mathías y su madre no pudieron hacer mucho. Las fallas de conexión a Internet no lo permitieron. “Nos tocaba ir a la casa de una amiga a descargar todo el material”, dijo la madre.

Vanessa desempolvó un aparato de Internet móvil que no usaba porque la señal no era estable. Con eso, más los datos de su celular, de a ratos, pudo conectarse con más regularidad. Pero ella  está consciente de que todos sus esfuerzos no garantizan la calidad educativa: “Tenía que apurar a Mathías para que copiara lo que le buscaba en el celular. Le decía: ‘Copia rápido porque se va a caer la conexión’”, recuerda con tristeza. Mathías, entre tanto, repetía que quería volver a la escuela.

El 21 de abril, Nicolás Maduro admitió en televisión nacional que solo “el 44% de los estudiantes tiene acceso a los contenidos educativos por internet”, es decir, un 56% se estaría quedando por fuera. En Venezuela la desconexión alcanza a muchos hogares: el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos realizó un sondeo en diciembre de 2019 sobre conectividad en 10 principales ciudades del país, y registró que 51% de los ciudadanos reportó fallas todos los días en el servicio de Internet. El hecho es que no tener acceso a internet o a dispositivos, hace que la educación inicial en cuarentena se vea gravemente afectada.

Las respuestas que ha dado el gobierno lucen hasta ahora como soluciones sobre la marcha en una educación a distancia improvisada.

Los padres buscan cualquier recurso para ayudar a sus hijos con las tareas y no bajar la calidad educativa

Vanessa entendió que ambos se estaban estresando, así que en las noches, cuando la conexión parecía mejorar un poco, comenzó a investigar, copiaba en una hoja y al día siguiente Mathías transcribía en el cuaderno. Aun así, él seguía preguntando por qué tenía que escribir tanto, y diciendo que en la escuela no era así.

Vanessa tiene el temor de que Mathías no esté aprendiendo lo que le corresponde en su grado. Le sorprendió leer algunas tareas que parecían desconectadas de su realidad, como salir a recolectar piedras o ir a un centro de salud para hacer un croquis. “Tengo que ponerlo en tareas dirigidas. Ya va para cuarto grado y no quiero que no sepa de lo que le están hablando”.

En el país aumentan las búsquedas de clases particulares y tareas dirigidas para complementar la carencia educativa. Pero obviamente, ello representa un gasto que rara vez pueden costear los que más lo necesitan.

No tener acceso a Internet o a dispositivos es solo una de las dificultades para lograr la calidad educativa. En el hogar de Mathías no sólo falta el Internet. Tampoco abunda el agua. Los lunes, martes y miércoles Vanessa no podía ayudar a Mathías. “Lo dejaba solo con las tareas para poder lavar, limpiar y recoger agua”, dice. En Venezuela, solo 1 de cada 4 hogares cuenta con ese servicio diariamente, reveló la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2019-2020). La gran mayoría (59%) en ciertos días de la semana tiene agua y otros algunas veces (15%).

Durante las semanas y meses de confinamiento, el hogar de Vanessa se convirtió en el espacio donde funcionan simultáneamente la escuela y el trabajo. Vanessa es maestra de preescolar, pero en febrero renunció al Ministerio de Educación. Esperaba iniciar en otra escuela pública o colegio más cerca de su casa y para ello le faltaba entregar algunos documentos. Pero tras el decreto de cuarentena en marzo, todo se paralizó. Se quedó sin empleo.

“No ha sido fácil. Soy madre soltera y tengo que resolver. Así que compré algunos productos y monté una pequeña bodega en la casa para medio solventar. Pasé de maestra a dueña de bodega”, cuenta Vanessa. El gasto que implicaría la ayuda de unas tareas dirigidas para Mathías”, se vuelve todavía más improbable.

Hay días en que todo puede complicarse entre las tareas, las bajas ventas y el agua. Les ha tocado comer arepa con mantequilla. “Mathías dice que mientras sea comida no importa lo que le den”, dice Vanessa, y sonríe. En Venezuela, según la Encovi, 79,3% de la población vive en pobreza extrema, y no tiene cómo cubrir la canasta de alimentos, pues la mayoría sobrevive con menos de $1,9 al día.

La pandemia ha marcado una distancia, no solo física, entre el estudiante, el profesor en línea y la escuela. Las brechas digitales y las desigualdades alejan a muchos del aprendizaje en confinamiento.  El impacto del COVID-19 en Venezuela en el sistema educación ha agravado la emergencia preexistente en el sector.

La falta de acceso a internet o a dispositivos, que tanto dificulta la educación a distancia en Venezuela, se profundiza con las deficiencias del servicio de internet ofrecido por CANTV, accesible solo en teoría para casi todos los que disponen de línea telefónica fija.

Soluciones sobre la marcha en una educación a distancia improvisada

“Veníamos con un ala rota”, dice José Javier Salas, director de la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). “No tenemos las condiciones suficientes para tener unas clases presenciales mínimamente eficientes como para emprender este viaje a la semi presencialidad o virtualidad”.

Luis Bravo, doctor en Educación, coincide con Salas y señala que “la pandemia ha empeorado los problemas que arrastraba el sector educativo”. Los últimos tres años escolares, explica, han sido irregulares por la crisis económica, las dificultades para que los estudiantes se incorporen, el abandono escolar y las fallas generalizadas de servicios públicos. Todos estos problemas de la educación en Venezuela se intensifican con la cuarentena.

Desde 2015, Venezuela vive una emergencia humanitaria. De hecho, en las escuelas de Fe y Alegría, desde el año pasado, ya trabajan con un programa de emergencia para afrontar los cambios en el sistema educativo venezolano actual. El gobierno de Nicolás Maduro también reconoce la crisis en números.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) publicó el informe Estadísticas Educativas 1998-2018. Del año escolar 2012-2013 al 2016-2017 se reporta una disminución de la matrícula total: abandonaron las aulas 683.203 estudiantes de inicial, primaria y media. En 2019, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) alertó que en Venezuela había un millón de niños sin escolarizar tras el deterioro de la situación socioeconómica y de la calidad educativa en general.

Otro formato que ilustra este impacto negativo es el mapa interactivo del seguimiento mundial de los cierres de escuelas causados por el COVID-19 de la Unesco. Allí se señala que la matrícula de estudiantes de preescolar a secundaria en Venezuela es 6.866.822, una diferencia de casi 800.000 estudiantes al ser comparada con la matrícula que informó el INE cuando se contabilizaban 7.664.869.

El desglose por nivel educativo que presenta la Unesco, si se coteja con los datos del INE, revela pérdida de estudiantes en todas las etapas. En Preescolar hay 1.190.349 estudiantes, 595.872 menos que la cifra reportada por el INE. En Primaria 3.285.299, una diferencia de 27.261. En Educación Media el organismo internacional registra 2.391.174, una disminución de 131.063 estudiantes.

La Encovi en sus datos explica la irregularidad en la asistencia escolar: de 7,8 millones de estudiantes, 87% asiste a clases, pero de esos, 40%  no acude algunas veces por falta de agua, apagones, falta de comida, transporte y ausencia de maestros.

Hay un 13%  que nunca va a clases. Entre el  porcentaje que asiste en forma irregular y la población que no asiste en absoluto, suman casi 4 millones de niños en situación de vulnerabilidad.

La desnutrición también afecta la escolaridad. Los resultados de la Encovi sobre la situación nutricional de los menores de 5 años, de acuerdo con el indicador peso-edad, revela que 639.000 (30%) tienen desnutrición crónica.

Muy pocos pueden encarar los cambios en el sistema educativo venezolano

A la enfermedad del sector educativo en Venezuela le llegó por sorpresa la pandemia. Salas afirma que no hubo planificación ni adaptación del modelo educativo a distancia: “Eso nos cobró en gran medida que no haya salido bien”.

Para Bravo, lo que ocurrió en marzo fue un cierre técnico del año escolar. “Apareció oficialmente en medios el Programa Cada Familia Una Escuela, pero en las condiciones que se hizo, las dificultades para su formulación y luego la incapacidad de las familias para llevar la tarea de prácticamente sustituir la escuela en el hogar, en términos reales, fue un cierre técnico”, afirma Bravo.

Cada Familia Una Escuela fue el programa televisivo y en digital del Ministerio de Educación para orientar y garantizar la prosecución académica. El 19 de mayo, el ministro Aristóbulo Istúriz aseguró que hay lugares donde no llegaron de manera online con el plan, por lo que afirmó que utilizaron métodos como la radio y medios impresos. Nada indica que se haya tenido éxito ni que vayan a producirse mejoras significativas de cara al calendario escolar 2020 – 2021.

El documento Alternativas para la continuidad educativa ante el cierre preventivo de escuelas por el COVID-19, publicado el 26 de marzo por el Clúster de Educación de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación Humanitaria (OCHA), muestra un balance del programa Cada Familia Una Escuela: 7 televisoras comprometidas, 180.000 docentes conectados y liderando grupos de aprendizaje, 42 contenidos digitales a disposición de los estudiantes y atención a 2,2 millones de personas.

Sin embargo, Bravo destaca que la mayoría de los estudiantes están en circuitos escolares precarios, “en el cual todo falta”, dice. “Con la sustitución de la escuela por el hogar  se benefició el que tiene una casa estructurada, con sistemas de comunicación con la escuela, que pudieron seguir pagando las tarifas, los que tienen más condiciones estructurales”, explica Bravo. Son, pues,  profundas las diferencias entre quienes pueden o no encarar los cambios en el sistema educativo venezolano actual.

En el Programa Nacional Escuela de Fe y Alegría, 42 % de los 4.581 docentes no tuvo acceso a equipos celulares para atender de forma virtual a sus estudiantes. Al cierre del año escolar, la institución logró atender a 81% de los alumnos, pero se quedó atrás un 19%, es decir, 20.208 niños, niñas y adolescentes, informaron en el foro El milagro educativo en tiempos de COVID-19.

Poco se dice, por otra parte, de cómo toda la situación afecta el nivel más básico de la educación. Las fallas en el preescolar pueden condicionar severamente el desarrollo futuro del estudiante y sus posibilidades de éxito. Realizar a distancia las tareas para niños de preescolar implica dificultades adicionales, por no decir que en muchos casos se tornan prácticamente imposibles.

La cuarentena amplifica los problemas de la educación en Venezuela: “La brecha escolar se amplió a niveles pocos conocidos. La distancia entre quienes lograron cerrar el año escolar de manera decente y los que no es gigantesca”, alerta Bravo. En el informe publicado el 2 de agosto sobre la situación en Venezuela por la OCHA se advirtió que “las condiciones para la continuidad educativa durante el cierre preventivo de escuelas son adversas, incluyendo el acceso reducido a la conectividad, la limitada disponibilidad tecnológica y los servicios eléctricos intermitentes”.

La Encovi también advierte sobre el regazo escolar: 2 de cada 5 estudiantes tienen algún nivel de rezago. Se duplica en el caso de los hombres y se triplica entre las mujeres. Este indicador potencia la exclusión educativa, sobre todo, entre la población de 12 a 17 años de edad, donde 27% se encuentra en rezago escolar severo.

“La situación de confinamiento debido al COVID-19 ayudará a profundizar las inequidades educativas. Quedarán aún más rezagados quienes tienen restricciones de acceso a las nuevas tecnologías y adolecen el clima educativo apropiado en el hogar”, se lee en el estudio de la Encovi sobre la calidad educativa.

El informe del grupo Banco Mundial COVID-19: Impacto en la educación  también advierte sobre el abandono escolar en Venezuela, al considerarla como una de las crisis recientes más graves junto a Etiopía, Brasil, Argentina, Sierra Leona y Filipinas: “En Venezuela, después de la crisis económica que estalló debido a los bajos precios y reducidos volúmenes de producción de petróleo, el número de niños que no asistían a la escuela aumentó en 56 % y el número de niñas en 60% entre 2015 y 2017”.

Profesores preocupados por no poder constatar el avance de sus alumnos

Ana Graterol extraña su salón de clases. No le convence el oficio de profesor en línea. Desde su casa no puede guiar a sus 35 estudiantes en la escritura, tomarles la mano para moldear la letra, interactuar con ellos y verificar que hayan entendido cada tema. Ella es la maestra de tercer grado de la Unidad Educativa Monseñor José Alí Lebrum, un plantel de Fe y Alegría ubicado en Puerto Cabello, estado Carabobo, y la calidad educativa es su pasión.
“Se me ha hecho difícil no verlos. No sé si están trabajando, si están al día, si los están forzando, cómo ha sido la preparación, el cumplimiento de las asignaciones. Tenemos que impartir amor, y ese amor a través de un teléfono celular, qué difícil es”, lamenta.

Le gustaría saber todo sobre sus estudiantes, pero comunicarse con ellos ha sido lo más complicado. No tiene celular inteligente, su papá le presta uno y a la vez es el administrador del grupo de WhatsApp con los padres y madres de los alumnos. Algo que dista mucho de lo que verdaderamente seria tener un profesor en línea. Para tener señal subía a la platabanda de la casa o salía a la calle. También solía ir al colegio para poder conectarse y coincidir con algunos niños.

“Cuando salía de mi casa tenía mensajes de los representantes, llamadas perdidas por la falta de señal. En la escuela aprovechaba para comunicarme porque sé que iba a pasar días, hasta una semana, en que no hablaría con ellos”, cuenta Graterol.

En ocasiones no tenía dinero para pagar el pasaje e ir a la escuela o para recargar saldo al celular. Su salario, dice, le alcanzaba para comprar café y azúcar. Tras la culminación del año escolar, los representantes le hicieron un donativo: recibió 14 kilos de comida. Dice sentirse apenada, porque sabe que para todos ha sido complejo sobrevivir en estos meses.

“Son situaciones que pegan en el corazón. Leía mensajes de los papás de mis estudiantes que decían que ellos querían ayudar con las tareas, pero que no podían porque estaban pendientes del gas, la comida, la electricidad”, recuerda Graterol.

Se le ocurrió entonces que los muchachos merecían algún tipo de premio por tanto esfuerzo. Hizo 35 reconocimientos a mano. Utilizó cartulinas y colores. Pasó cuatro días elaborándolos. Citó a los estudiantes en la escuela y se los entregó. “Quise darles las gracias por mantenerse en cuarentena con actitud positiva”.

Pero ahora está preocupada por seis estudiantes que, aunque fueron promovidos con actas de compromiso, no cumplieron con todas las competencias. Deben reforzar la lectura, la tabla de multiplicar e iniciarse en división.

“Les afectó que no pudimos vernos y yo explicarles bien. Algunos no entregaron las asignaciones completas”, dice Graterol. Es la primera vez que tantos niños no logran alcanzar todas las competencias. Graterol se comprometió a trabajar con ellos durante las vacaciones para nivelarlos. Es una de tantos profesores preocupados por no poder constatar el avance de sus alumnos, que ven cómo el calendario escolar 2020 – 2021 luce injustamente  comprometido para algunos alumnos.

 

Algo hay que hacer… y pronto

La calidad educativa que se ofreció durante este confinamiento es uno de los factores que la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello quiere evaluar. Para eso iniciaron la campaña “Mírate en este espejo”. Esperan poder obtener datos estadísticos sobre el aprendizaje adquirido de los estudiantes y ofrecer así insumos clave para los necesarios  cambios en el sistema educativo venezolano actual.

“Estamos promoviendo que los estudiantes pasen por el Sistema de Evaluación de Conocimientos en línea que hemos diseñado en la página web de la Escuela de Educación. Esperamos poder señalar la línea del conocimiento del país después de esto que hemos vivido en los últimos meses”, afirma José Javier Salas, director de la Escuela de Educación de la UCAB.

Datos previos a la pandemia del Sistema de Evaluación de Conocimientos de la UCAB demuestran que el rendimiento escolar y la calidad educativa en general ya era deficiente. En noviembre de 2019 se realizaron 672 pruebas de conocimiento. En Habilidad Verbal de quinto año se alcanzó un promedio de 13,21 puntos y en Ciencias Sociales 11,20. Mientras que en Matemáticas la puntuación comenzó con 12,78 puntos en primer año y terminó en 5,89 puntos en quinto año. En Ciencias Naturales el promedio se inició con 13,13 puntos y cayó a 6,75 puntos.

La Escuela de Educación ofrecerá al país un canal educativo por Youtube y esperan concretar un espacio televisivo en señal abierta. También avanzan en el programa Educadores Emergentes, donde aproximadamente 1700 maestros de Fe y Alegría, la Asociación Nacional de Instituciones Educativas Privadas y la Cámara Venezolana de la Educación Privada, están recibiendo formación sobre la enseñanza en línea.

Para Salas es momento de fortalecer la calidad educativa. Cree que el gobierno debe reconocer que los expertos están en las universidades y pedir ayuda para aplicar políticas efectivas. “Continuar así es insostenible”.

 

Si te gustó, compártela: