Midway: la guerra como espectáculo

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Midway: la guerra como espectáculo

A simple vista25 de noviembre de 2019

“… la determinación de pocas personas, en diferentes contextos y con una férrea convicción de sus capacidades, pueden cambiar por completo el rumbo de un país entero”.

Crítica por: Luis Bond // @luisbond009

Cualquier conflicto bélico es un hervidero de historias. Dejando a un lado los horrores del campo de batalla y enfocándonos exclusivamente en su potencial dramático, dos bandos que chocan en una situación de vida o muerte es el escenario perfecto para cualquier película. Sin ir muy lejos, durante muchos años el cine fue usado como una herramienta de propaganda para levantar la moral de las tropas en zonas de combate y mover el compás de la opinión pública al contar hazañas heroicas, vendiendo una imagen romántica y patriótica de cualquier contienda.

 

Con el pasar del tiempo, varios cineastas de culto como John Ford, Steven Spielberg, Oliver Stone, Sam Mendes, Joe Wright, Stanley Kubrick, Francis Ford Coppola, Clint Eastwood, Mel Gibson, entre otros, se acercaron a la guerra desde diferentes perspectivas, amplificando nuestra visión del campo de batalla (haciéndonos poner en entredicho la naturaleza de los conflictos, recreando el punto de vista de las víctimas y victimarios, resaltando o cuestionando a los ganadores y perdedores, exponiendo las monstruosidades que nacen en el calor de la lucha). Gracias a esto, crearon obras de arte que les valieron cientos de reconocimientos, transformando el cine bélico en una suerte de género con una tradición enorme detrás de sí. Por si fuera poco, el trabajo de muchos de estos realizadores pasa por la responsabilidad de adaptar hechos reales a la gran pantalla (historias increíbles llenas de muerte, dolor, sufrimiento y gloria), teniendo que moverse con mucho cuidado por la delgada línea que divide la realidad y la ficción. Este último es el caso de Midway (Midway: Batalla en el Pacífico) el más reciente largometraje de Roland Emmerich.

 

Ambientada durante la Segunda Guerra Mundial e inspirada en hechos reales, Midway recrea el enfrentamiento entre la flota estadounidense y la Armada Imperial Japonesa luego del ataque a Pearl Harbor, una batalla que cambió el curso de este conflicto gracias a la valentía y determinación de varios héroes. Protagonizada por un cast de lujo conformado por Patrick Wilson, Luke Evans, Woody Harrelson, Mandy Moore, Dennis Quaid, Aaron Eckhart, Nick Jonas, Keaan Johnson, Ed Skrein y Darren Criss, este multiplot es narrado desde diferentes perspectivas, haciéndonos entender la importancia de este episodio en la historia bélica de Estados Unidos.

 

Cualquier persona que haya crecido en los 90s está familiarizada con la filmografía de Roland Emmerich. Conocido por la crítica como el “Spielberg alemán”, este director, guionista y productor es la mente maestra detrás de blockbusters que se han transformado en clásicos de la cultura pop como Universal Soldier, Stargate, Godzilla, The Patriot, Independence Day, The Day After Tomorrow y 2012. Realizador polifacético, siempre se ha caracterizado por la calidad de sus largometrajes (utilizando efectos especiales de punta, creando secuencias de destrucción masiva alucinantes y manejando la tensión a su antojo) y la rentabilidad de sus producciones. A pesar de su fama, Emmerich ha sido desestimado por la crítica en muchas ocasiones por ser “comercial” y por eso sorprende muchísimo el resultado que logró en Midway. Alejándose de su registro habitual como director, la película es un homenaje al cine bélico clásico (sobre todo al de John Ford), fusionado con un ritmo moderno, sosteniéndose sobre pequeñas historias que amplían el relato desde múltiples aristas, en un empaque que toma los mejores elementos de su filmografía, pero explotándolos con mucha madurez. El resultado es un espectáculo visual que, a pesar de su extensa duración, pasa rápido, no es pretencioso y evade los lugares comunes (como la solemnidad o el patriotismo descarnado); un híbrido entre cine de autor y comercial que le hace justicia a la historia épica en la que se basa, pero que funciona como divertimento de fin de semana.

 

De Emmerich en la dirección no hay ninguna queja: sabe mantener al espectador pegado al borde del asiento, se pasea por diferentes registros dramáticos, sus secuencias de combate son increíbles y administra en la justa medida los efectos especiales y demás artificios visuales sin intoxicarse con ellos. Su trabajo con los actores también está a tino, logrando sacar interpretaciones bastante buenas de todo el cast, balanceando a leyendas como Dennis Quaid o Woody Harrelson con jóvenes como Nick Jonas y Ed Skrein sin que ninguno opaque al otro o desentone. Lastimosamente, el guión de Wes Tooke, aunque funciona bastante bien, no está a la altura de la puesta en escena de Emmerich. El resultado es una película que tiene todos los ingredientes para pasar a la historia de lo mejor del cine bélico, pero que se termina quedando a mitad de camino. Más allá del desarrollo irregular de ciertos conflictos, la pata coja del guión es que sus personajes no terminan de ser explorados, haciéndonos sentir que poseían un potencial enorme que se perdió. Estos desaciertos no entorpecen la narración gracias a la pericia de Emmerich detrás de cámara, pero si nos distancian emocionalmente de algunos segmentos de la historia.

 

Regresando a la propuesta visual de Midway, Emmerich orquesta un equipo con el que ha trabajado en varias producciones, aprovechando sus puntos en común y llevándolos hacia nuevos lugares. Comenzando por el Diseño de producción de Kirk M. Petruccelli (The Patriot, The Incredible Hulk, Killing Season, Lara Croft: Tomb Raider) que recrea el momento histórico en el que se desarrolla el largometraje con lujo de detalles, dandole vida a espacios tan disímiles como submarinos, hogares, aviones, salas de operaciones, oficinas, hospitales, campos de batalla y demás. La dirección de fotografía de Robby Baumgartner (The Guest, Blindspotting) no se queda atrás, capturando el mood de la época, emulando color, textura y luz de películas antiguas, sabiendo cuando componer cuadros preciosismos y cuando decantarse por la sobriedad estética del campo de batalla. Por último, el montaje de Adam Wolfe (White House Down, Independence Day: Resurgence) crea diferentes ritmos dependiendo del registro de las historias que cuenta y, al mismo tiempo, trabaja con una amplia gama de matices dentro de la acción (dándole un ritmo propio a peleas en el aire y en el mar, creando tensión al saltar de la perspectiva de los héroes a la de los antagonistas y generando espacios para la asimilación de los eventos para luego acelerar la narración en un mosaico de perspectivas en el campo de batalla).

 

Evaluando todas sus aristas, Midway tiene un saldo positivo. Se pasea con soltura entre dos antípodas que parecen antagónicas: la guerra y el espectáculo. Emmerich logra recrear un momento crítico en la historia bélica de Estados Unidos, alejándose del nacionalismo que suele inundar a este tipo de obras, haciendo de una hazaña militar algo accesible a todo el mundo. El reparto, más allá de ser variopinto e idéntico a los héroes que encarna,  cumple con nuestras expectativas en todo momento. Gracias a su juego de perspectivas entre personajes, tramas y subtramas, los casi 140 minutos de Midway pasan volando. Emmerich y su equipo saben cómo hacer acción y coquetear con el drama sin caer en la tentación de irse por el relato pretencioso que apunta a festivales, dándonos como resultado un largometraje que rinde homenaje a los clásicos y con un ritmo (y puesta en escena) que obedece a la modernidad. Esto transforma a Midway en una película bélica entretenida y sólida que se acerca a la guerra desde lo macro y lo micro, recordándonos cómo la determinación de pocas personas, en diferentes contextos y con una férrea convicción de sus capacidades, pueden cambiar por completo el rumbo de un país entero. Una lección que no podemos olvidar en el campo de batalla en el que se ha transformado nuestra caótica modernidad.

 

Lo mejor: los efectos especiales y las secuencias de acción, Emmerich moviéndose en sus aguas con toda la comodidad del mundo. El cast de lujo que tiene y las interpretaciones de todos. A pesar de su duración, pasa bastante rápido y en ningún momento deja de entretener.

 

Lo malo: algunos personajes no terminan de desarrollarse por completo, haciéndonos sentir que su potencial se desperdició. Tiene todas las características de una gran película bélica, pero no termina de trascender. Algunas historias son flojas en su unión con el conjunto.

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